Como todos sabemos, siempre que se produce una crisis mundial, y llega a los mercados financieros, más tarde que temprano termina afectando a la población en general en cualquier parte del mundo. Por más que no tengas acciones, bonos, propiedades, etc, la crisis te va a llegar por: devaluación, inflación, y en consecuencia serás un poco más pobre que antes.

Creemos firmemente que para que se produzca una crisis hacen falta dos condiciones necesarias:

1)      El fósforo (un mercado caro, Estados Unidos)

2)      El encendedor (coronavirus, hipotecas, o una baja inicial del mercado)

 Decimos necesarias, pero no son suficientes, ya que por más que se presenten ambas condiciones, no siempre habrá crisis ya que los estados juegan su rol, y pueden llegar a demorarla. Por ejemplo: inyectando dinero en la economía, para que la gente no se sienta tan pobre.

Hubo una crisis que seguramente pocos vivieron (hoy tendrías 91 años), pero seguro alguna vez la escuchaste nombrar: Crisis mundial de 1929. Vemos un poquito que pasó.

El jueves 24 de octubre de 1929, Wall Street, una calle estrecha en el extremo sur de la isla de Manhattan, en Nueva York, estaba inusualmente copada de gente. El edificio más importante de la calle, la Bolsa de Valores de Nueva York, no abría sus puertas hasta las 10 de la mañana, pero ya se habían congregado allí gran cantidad de gente. No se trataba de una fiesta o un desfile. Por el contrario, la atmósfera estaba llena de preocupación, miedo y pánico. En la última hora de negociación de la tarde anterior, el mercado financiero se había desplomado, con 2,6 millones de acciones vendidas en una temible oleada de negocios. Más que una oleada, fue un huracán. El lunes, la bolsa cayó un 12.8% (similar a lo que vimos en estos días). El martes -un día que pasaría a conocerse como el Black Tuesday (Martes Negro), se registró una caída adicional del 12%.

¿Por qué ocurrió el Crack de Wall Street?

Nadie podría afirmar haber previsto lo que ocurrió durante esos seis días, en octubre de 1929, ya que durante varios años, EE.UU. había tenido una buena racha.

 A diferencia de las otras naciones industriales, que después de la Primera Guerra Mundial sufrieron daños graves o estuvieron a punto de estallar económicamente, EE.UU. emergió relativamente indemne, financieramente hablando, gracias a su entrada tardía en la guerra. La siguiente década vio una tremenda transformación, tanto industrial como cultural, de costa a costa. El precio del algodón estaba alto. “Los empleos eran abundantes y los sueldos crecieron constantemente”, recordó la periodista financiera de Wall Street Karen Blumenthal. “La década de 1920 no solo cantó al ritmo del jazz y bailó al compás del Charleston. Rugió con la confianza y el optimismo de una era próspera”. Aunque eran suscritos por el gobierno, el éxito de los bonos de libertad significaba que, al menos para la opinión pública, poner los ahorros en acciones y participaciones en el mercado financiero se consideraba respetable, cuando hasta entonces se había considerado un riesgo. 

A mediados de la década de 1920, tres millones de estadounidenses eran dueños de acciones, seducidos por la atracción magnética de enriquecerse de una manera tan sencilla. En algunos casos, se prestó hasta el 90% del precio de compra. Si hubiera una caída considerable del mercado, el inversionista promedio tenía mucho que perder. Y debajo de toda esa excitación había un frágil castillo de naipes, que se terminó derrumbando con unas bajas iniciales del mercado encadenadas.

De 1929 a hoy

En esta situación que estamos viviendo, con una crisis que no sabemos en qué etapa está, podemos detectar algunas coincidencias con crisis anteriores:

-Un mercado sobrevalorado.

-Una economía que parecía estable, con bajo desempleo.

-Alta confianza en general.

-Un detonante: coronavirus en este caso.

Cuando hablamos de mercado en general, nos centramos en Estados Unidos, ya que cuando se produce un crash financiero allí, a nosotros nos llega inmediatamente.

Los resultados que podemos esperar: crisis y más crisis en la economía real. Los más afectados, la gente de a pie. Más caro el pan, el alquiler, imposible cambiar el auto, menos empleo, etc.

¿Se repetirá en esta ocasión lo que pasó en 1929?

Depende de la psicosis humana hasta donde pueda llegar esta crisis, la mecha inicial ya se encendió, ahora queda ver hasta dónde avanza. Siempre en economía de crisis lo que podemos hacer es limitar gastos, no aumentar deudas (si se puede reducir alguna, mucho mejor), no hacer inversiones considerables hasta que se visibilice el fondo de la crisis, y lo más importante es no entrar en pánico, ya que siempre se salió adelante.

(créditos imagen: unmundodemisterio.com)

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